19 ago. 2011

Isto é...

Mi padre, además de muchos recuerdos, buenos y malos, y de algunos objetos personales, llevó con él a Buenos Aires un libro: “Isto é o Rio de Janeiro!”. Ni que decir tiene que, años después, fué uno de mis primeros libros favoritos, aunque no entendía muy bien lo que decía y casi siempre le tenía que preguntar a él. Así que saber que íbamos a estar unas horas en la Cidade Maravilhosa era como hacer realidad un sueño.



La excursión programada que ofrecían en el barco era demasiado costosa para nuestras posibilidades, y como mi padre conocía la ciudad decidió que iríamos a visitarla por nuestros propios medios, o sea, caminando. Bajamos del barco y...

...¡oh!, ¡qué diferente era a nuestro querido Buenos Aires! El libro se quedaba corto ante todo aquello que teníamos delante. Las blancas arenas de Copacabana, el “Pan de azúcar” con el Cristo Redentor allá arriba (imposible llegar hasta allá en tan poco tiempo, pero nos conformábamos con verlo aunque fuese desde abajo), el Hotel Gloria en el que había trabajado mi padre (también visto de lejos; pero tampoco importaba), las aceras y sus dibujos sinuosos (mi hermana y yo saltábamos de unos a otros, intentando no caer en la zona de color claro y pisar solamente la zona oscura),..¡tantas cosas!

Pasó el tiempo tan rápido que ya iba siendo hora de regresar a puerto, pero teníamos sed y mi padre nos llevó a un bar en una zona que había conocido, aunque ahora le era completamente desconocida. Allí nos dimos cuenta del problema del idioma; solamente mi padre se podía comunicar con la gente y empezamos a sentirnos un poco extrañas mi hermana y yo. Era un bar muy pequeño; si había mesas o sillas debían estar ocupadas, no lo recuerdo, pero sí que mi madre nos llevó a un rincón mientras esperábamos de pie a que mi padre nos trajera unos helados y...

… y en ese momento ya no nos acordábamos de nada más: una mujer con su hijo, muy pequeño (lo llevaba en brazos) entró en el bar a pedir unas monedas o algo para comer. Ya sabíamos que en Brasil había gente diferente a lo que ya conocíamos, pero era la primera vez en nuestras cortas vidas que mi hermana y yo veíamos un niño negro y a su madre, también de ese color. No entendíamos el idioma, pero no hacía falta, bien sabíamos lo que estaba pasando, y nadie en el bar se movió ni se inmutó para darles nada. Nosotras nos quedamos muy quietas y pegadas a nuestra madre por un momento; pero sólo fué un momento: el tiempo de reaccionar y pensar en darle a aquel niño mi helado. Bajé la mirada y me di cuenta de que ya lo había empezado, pero no me importaba, así que di un paso al frente y, con el corazón latiendo tan aprisa como si acabara de bailar una samba, estiré lentamente el brazo para dárselo al pequeño. Mi madre se fijó en aquello y no sé lo que pensó, pero me agarró y me volvió a acercar a ella y a mi hermana. El negrito también se me quedó mirando, y yo miré a mi madre a los ojos; no entendí muy bien su reacción, pero era mi madre y tenía que obedecerla. La mujer con el niño en brazos dió media vuelta y salió del bar; yo me quedé mirando cómo se iban. El helado se estaba derritiendo y ya me caía por la mano; tuve que apurarme para que no me llegase al vestido y ganarme otra bronca de mis padres.

Ya no tenía ganas de saltar en los dibujos sinuosos de las aceras de Río. Tampoco tenía ganas de preguntar nada más a mi padre. Volvimos al barco, yo en completo silencio.

Tardé un tiempo en volver a ver el libro y, cuando lo hice, me fijé en que había muchas fotografías bonitas, pero muy pocas en las que se mostrase la miseria que, aparte de las cosas maravillosas, también había en aquella ciudad. Algunas veces, cuando voy a casa de mis padres, vuelvo a curiosear en el libro, me sigue gustando; sin embargo desde entonces veo páginas que no existen en él, que solamente existen en mi memoria y en mis recuerdos.

17 comentarios:

  1. Hola amigos:


    Nunca pensé encontrarme con tanta gente que llegase a contarme sus experiencias con la pluma, el tiralíneas o los bolígrafos. Muchísimas gracias por las visitas y los comentarios en "Mi Parker".


    "Isto é...", mi último post publicado en Meiga Noite de Lúa prácticamente se define a sí mismo. Os invito a conocerlo.


    Saludos y un fuerte abrazo para tod@s.


    Biquiños.


    Carmen.

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  2. Retratas muy bien el verdadero Rio de Janeiro, pues en los álbumes de fotos esa realidad no se muestra.
    La zona del puerto es MUY pobre y ahora peligrosa.
    La niña esa hizo lo que luego la adulta repetiría... ofrecer algo suyo.
    Besos enormes.
    HD

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  3. hicieron muy bien en caminar, pues es la única manera de conocer muy bien la ciudad; lo otro, es que si las guías y los folletos mostraran al turista la realidad, algunos se desanimarían en ir, aunque creo que finalmente pasarían por alto muchas cosas con tal de disfrutar otras, que son las que realmente le interesan. un beso.

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  4. Es un lugar pendiente a conocer, esa ciudad maravillosa con sus laberintos grises, como cuenta esa niña que se ha quedado sin entender pero sintiendo con el corazón.

    Un abrazo Carmen.

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  5. No he viajado mucho... más bien, poco y nada; pero creo que la única manera de conocer una ciudad, un país... es a través de su gente, descubriendo rincones, tradiciones, costumbres y sentires propios de cada lugar -esos que sólo nos llevan los pies y la avidez de conocimiento- esos que están tan alejados del guía turístico y las postales comerciales.
    Tu experiencia de niña fue sólo una muestra de quien sos en realidad: un ser sensible y bondadoso. Un beso grande, Carmen!!! (o Biquiños, como decís vos)

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  6. Siempre hay dos visiones de un país: la estúpida para los burgueses y turistas y otra lo que acontece en cada lugar. Y no sé, siempre hay alegría y fotografías para el souvenir y ¡una vergüenza para los que transitamos sin recuerdo, por esta estúpida vida de maquillajes y lindos recuerdos!
    Un abrazo.

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  7. preciosa la imagen, Carmen, de ese helado -lo imagino de fresa- derretiéndose a churretones por tus blancas manos niñas. Al pobre negrito también debieron ponérsele los ojos en churretones.
    Saludos blogueros

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  8. Las guías turísticas nunca dan una imagen real de los lugares que promocionan.

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  9. Qué triste realidad se ve en algunos lados, de verdad que generalmente se nos enseña el lado bonito de las cosas, pero nos llegamos a sorprender cuando nos damos cuenta de que no todo es como lo pintan.

    Lo bueno de la experiencia fue que pudiste conocer ambas partes de ese lugar.

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  10. La verdadera realidad de todos los sitios del mundo está en sus calles.

    Los recuerdos son retazos de nosotros mismos, no nos dejan nunca.

    Saludos Carmen

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  11. Yo confundo mucho el recuerdo con los sueños...ya sabes que las cosas son como las ves...


    quizá un libro una foto y ver lo que somos y por donde vamos..nos diga más de lo que vivimos..(por lo menos para mi)


    que bonito relatas..

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  12. Me haces pensar...y te aseguro que es un ejercicio que eludo últimente

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  13. bello y profundo relato nos regalas sensible escritora, es un placer visitar tu morada y deleitarse con tan bellas y bien narradas letras, un besin de esta asturiana que se queda de seguidora.

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  14. Gracias Carmen.
    Que lindo comentario me has dejado. Has captado perfectamente mi pasión por bailar tango.
    Hay muy pocas cosas que me gustan con locura, una es escribir y otra bailar tango de salón.

    Un abrazo grande!

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  15. La verdad a veces es duro mirar en el pasado, teniendo un presente, pero los recuerdos también valen para sacarnos una sonrisa..un saludo desde Murcia...seguimos...

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  16. La pobreza es algo que muchos gobiernos esconden muy a pesar de que sea lo que más hay, es una pena que no hayas podido dar tu helado a ese niño, ni modo.


    Buen post.

    Un abrazo.

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  17. Carmem,

    Acompanho atentamente seus escritos. Tenho certa dificuldade no Espanhol, mas recorro sempre a um bom dicionário. Assim, vou me deleitando com seus textos e aprendendo esta bela língua.
    seja feliz!

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