Han pasado muchos años desde que papá y mamá se divorciaron. Yo era pequeño aún, y aunque entendía lo que estaba sucediendo, me dolía mucho cada vez que papá me decía que iba a venir a buscarme..., y después no aparecía. Es verdad que cuando me llevaba a su nueva casa, me prometía cosas y me dejaba hacer todo lo que yo quería, incluso todo aquello que mamá siempre me había prohibido (yo sabía que no estaba bien pero ¿qué?, quería hacerlo y punto; y papá me dejaba). Eso sí, las promesas acababan siempre de la misma manera: como si nunca él hubiera dicho nada al respecto; algo así como cuando me dijo que me llevaría a Manzaneda a ver la nieve... Según él, durante tres años consecutivos no cayó un copo de nieve en la estación invernal. Al final, acabé dándome cuenta del engaño.
26 jun 2012
Madurando
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4 jun 2012
Al escritor
Mudo, el escritor pasa los días.
No fluyen de dentro las palabras.
O sí; pero, mudo, se las calla.
¿Qué dolor tan hondo hace sangrar su alma?
No fluyen de dentro las palabras.
O sí; pero, mudo, se las calla.
¿Qué dolor tan hondo hace sangrar su alma?
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Mentiras o Verdades,
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21 may 2012
Vidas como las demás
Después de tantos años, conocen muy bien en qué lugar les conviene pasar la noche. Rara vez se decantan por el albergue; tan solo si el tiempo inclemente amenaza de mala manera, o si alguno de los dos se encuentra muy enfermo. No lo han jurado por escrito ni con palabras (cuidarán siempre el uno del otro, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza, que saben que no habrá, y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad... hasta que la muerte los separe), pero con sus miradas se entienden y esas son más válidas que cualquier papel firmado, incluso más que un juramento de sangre. Prefieren dormirse mirándose a los ojos, da igual el rincón de la ciudad, el parque o el puente; mañana será otro día y así, día tras día, viven sus vidas tal y como lo han elegido.
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11 may 2012
La guerra de las niñas
Aunque alguna vez nos escapábamos, como cualquier niña o niño de nuestra edad, lo habitual era que estuviésemos jugando siempre en la acera delante del bar. Allí, desde dentro, nuestros padres podían vigilarnos a través del ventanal mientras ellos trabajaban. De todos modos, lo de escaparse era cosa rara, y previo "pedir permiso" para ir a jugar junto al colegio; alguna vez nos adentrábamos un poco más allá, en la zona más desconocida, junto al río. Y aún así, pocas veces, porque estar frente al bar parecía interesante para los demás, y siempre venían hasta nuestra acera.
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