27 feb. 2012

El guardaespaldas

No era la primera vez. Sin embargo, aquella parecía ser la última. Atrapado, inmovilizado, malherido y con el láser de un arma dibujando un círculo rojo perfecto en su frente, el sonido del disparo se hizo tan corto... pero casi, casi eterno, y vio pasar ante su ojos su infancia, sus hijos, su nieta (a la que aún no había podido conocer), las noches solitarias, las compañías intermitentes que no llenaron su vida y lo hicieron volver a aquello... y su gata... La última imagen fue una lágrima en los ojos de ella.

20 feb. 2012

La plaza Irlanda

Cuando vivíamos en Caballito, en la avenida Gaona, algunas veces íbamos a la plaza Irlanda, a comer pizza en "El Ombú". Recuerdo aquellas pizzas como las más sabrosas que he comido nunca. La pizzería siempre estaba llena y había que esperar para poder tener mesa, pero valía la pena. Era una de las pocas veces que nos dejaban tomar coca-cola o pepsi con la comida. Y aunque el pedido tardase y los refrescos se acabasen antes de verla llegar, aquella pizza tan rica, con la mozzarela cayendo por todos lados, bien se merecía el tiempo de espera y más. No íbamos muchas veces, pero cuando lo hacíamos, era mejor que cualquier día de fiesta.

14 feb. 2012

Ibas a comerte el mundo

Ibas a comerte el mundo y, a la primera media vuelta, el mundo quiso engullirte a ti. Y no: eso sí que no lo ibas a permitir.

9 feb. 2012

Jaque mate

Como quien no puede creerlo
Y sin dejar de mirar
Al rostro enmascarado
Acercando la mano
Intentando llegar
Al fondo de una verdad
Que no creíste realidad

5 feb. 2012

Los ojos cerrados

Como una espada de Damocles pesaba sobre mi la posibilidad de perder el hijo que esperaba, o la vida misma en el embarazo, si continuaba adelante. Eran los augurios que el ginecólogo acababa de formular. Sus palabras, escuchadas por alguien que no entendiese muy bien de qué iba el asunto, podían verse como una solución al panorama tan grave que se empeñaba en describir. Pero yo sabía muy bien lo que aquello significaba, y me negué en redondo a lo que me estaba proponiendo. A pesar de sus palabras y de lo que pudiese ocurrir, yo iba a seguir adelante. Sin embargo, no podía continuar con las visitas, sabía que él volvería a repetirme que lo hiciera, así que decidí cambiar de especialista.

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