25 ago. 2011

La venganza

¡Se lo merecen! Era la única frase que su cerebro era capaz de componer en aquellos momentos. Llevaba tiempo planeándolo y había llegado la hora de vengarse de ellos.

19 ago. 2011

Isto é...

Mi padre, además de muchos recuerdos, buenos y malos, y de algunos objetos personales, llevó con él a Buenos Aires un libro: “Isto é o Rio de Janeiro!”. Ni que decir tiene que, años después, fué uno de mis primeros libros favoritos, aunque no entendía muy bien lo que decía y casi siempre le tenía que preguntar a él. Así que saber que íbamos a estar unas horas en la Cidade Maravilhosa era como hacer realidad un sueño.

14 ago. 2011

Mi Parker

Odiaba los cartuchos de tinta, el papel secante, los agujeros que  acababan formándose después de pasarse una un buen rato intentando borrar una palabra o el resultado de unas cuentas en aquellas gruesas hojas de los cuadernos forrados del horrible papel araña azul. Odiaba las manchas de tinta en el guardapolvos blanco del colegio. Pero amaba mi pluma Parker con la punta de oro. Era mi tesoro.

9 ago. 2011

Un vaso de agua al sol

Llega un poco de claridad a mis pupilas, es lo único que creo poder mover. Como si estuvieran a cientos de metros les oigo gritar, a mi madre, mi nombre, ay a los demás, a los que oigo; debe haber más. Sí, porque al final yo conseguí salvarlas, tienen que estar ahí, las muñecas, y mi hermana, pero a mi no me dió tiempo.

6 ago. 2011

El Bar Azul

A veces digo que prácticamente nací en un bar. No es cierto, pero casi. Si así fuera, hubiera sido en el Bar Azul.

En la esquina de Estados Unidos con Santiago del Estero estaba el Bar Azul. No puedo recordarlo más que de oídas y de algunas fotos que mi familia conserva, pero siempre está presente, por unas cosas o por otras.

2 ago. 2011

El cuatro de agosto

No soplaré las velas el día de mi cumpleaños.

No será como aquel año, el que llegamos a Barcelona (¡cómo ha cambiado la ciudad desde entonces! Supongo que también lo habrá hecho desde la última vez en que estuve allí). Desembarcamos justo ese día, pero en el desayuno no había una tarta especial para quienes estaban de aniversario. Y tampoco podíamos quedarnos más tiempo, ni siquiera esperar a pasar la hora del almuerzo. Sí, ese año, aún tan niña, me quedé sin fiesta, sin regalos, y también sin la tarta el día de mi cumpleaños.

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