21 jun. 2011

Cruces

Cuando vas a una boda y te sorprendes de todo lo que se han gastado para la ceremonia y el banquete, te alegras de haber estado allí. Recordarás aquello como un evento especial, sobre todo si hablas con álguien que no hubiera sido invitado; no lo niegues, como a todo el mundo te gustará contar lo bien que lo han organizado y lo estupendamente bien que te lo has pasado.
Cuando vas a un entierro y ves que el ataud del difunto es el más lujoso que nunca habías visto, tampoco te quedas mudo, aunque pienses que para qué semejante gasto si al final allí adentro nadie lo volverá a ver ni usar. Y te das cuenta de que alrededor todos hablan de lo mismo; muchos ni siquiera están pensando en el dolor de la familia, sino en el dinero que se han gastado.

Cara y cruz.


El padre de mi amiga y compañera de trabajo iba a ser enterrado justo en ese momento. El viejo cementerio no crece con los tiempos, como tampoco lo hace la ropa que te compras: al poco tiempo te queda pequeña y dices "ya no hacen las cosas como antes" (no vas a decir que es que has engordado, eso no lo reconocerás en tu vida, ni cuando las prendas ya no te sirvan siquiera para usar de medias mangas). El nicho de piedra tenía exactamente el mismo tamaño que todos los de su alrededor. El ataud del difunto era el más grande que había visto nunca. Cuando hubo que quitarle la cruz que llevaba encima, algunos murmullos repetían que no pasaba nada, que eso era habitual y que, al terminar, el crucifijo lo pondrían a los pies de la caja junto a la pequeña corona de flores de los nietos y antes de cerrar aquello con los ladrillos y el cemento. Pero aún así no podían entrarlo. Con la primera herramienta que encontraron a mano, un martillo, golpearon las patas de roble hasta quitarlas de su sitio.Todos los ojos se iban centrando en la escena. El ataud ya estaba sin patas; ni con esas cabía en el pequeño hueco habilitado hacía tantos años entre aquellas viejas paredes de piedra.

La escena se complicaba. Ya nadie hablaba. Solo los pasos de los obreros corriendo a buscar nuevas herramientas rompían el silencio. Con un hacha eliminaron los laterales más salientes. Nuevo y vano intento; con una sierra recortaron los cantos y todos los elementos decorativos que podían verse. Los hijos del difunto nadaban en lágrimas mudas mientras el sonido de la madera, tropezando y rozando las piedras del nicho, interpretaba la más triste de las marchas fúnebres. Cuatro hombres empujaban aquellos restos de la caja en eternos minutos, en el entierro más callado al que nunca ninguno hubiera imaginado que asistiría.
Los ojos de mi amiga se cruzaron profundos con los míos. Sentí clavarse su dolor en mi alma y unirse con el mío. Me abrazó en silencio. Su cabeza en mi hombro comenzó a resbalar, se soltaron sus brazos, con los párpados aún abiertos llegó todo su cuerpo al suelo.
Grité un "¡no!" en el silencio que ni el eco repitió.

Una sencilla caja de madera, como las de antaño, cruza hoy el viejo cementerio. Tras la caja, la familia, vecinos, amigos, lágrimas mudas y esta lluvia que se cala hasta los huesos y no me deja llorar.


12 comentarios:

  1. escenas de vida las que planteas en tus entradas, transmitiendo las emociones de quien expectador siente en su piel las sensaciones del aire e de las personas.
    un saludo
    agradeciendo tus comentarios en mi espacio
    Blas

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  2. los cementerios son horribles, la muerte es horrible y no tiene sentido. Me río en la cara de quien diga que la Naturaleza es lógica y sabia. ¿Cómo puede existir un animal consciente de sí mismo, de su propia mortalidad? Un error de la evolución, con toda seguridad..

    bueno, que me ha encantado tu relato, me ha llegado :)

    besos,

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  3. Es un gusto conocer tu blog..
    te dejo un abrazo!

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  4. Que situación han vivido en medio del dolor.
    Y si como dices tu es cara y cruz de la vida cotidiana.

    Otro abrazo!

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  5. hay personas que no soportan el dolor de la separación, que se les termina haciendo una ruptura entre el cuerpo y el alma. un beso.

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  6. Me gusta el clima causa-efecto que le estás dando a tus textos, en éste se hace muy notorio, pero lo vengo leyendo en los anteriores. Me gusta cómo comienzas con un hecho (o dos) anecdótico para luego llevarnos a un final casi obvio. Porque, creo, no es lo inesperado lo que más sorprende, sino la inevitabilidad de los sucesos.
    Vamos que esto crece, ¡eh!
    Un beso enorme.
    Humberto.

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  7. Hola, bellísimo blog, entradas profundas, leales, un lujazo, si te va la palabra elegida, la poesía, te invito a mi casa, un placer,es,
    http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
    gracias, buen jueves, besos desnudos...

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  8. Jeje... ¡se te metió Don Vito! El cazaseguidores más conocido del mundo bloguero, ¡y encima no sé quedó como seguidor! Sólo te falta que entre... No, mejor no lo digo para no quedar mal.
    Besos desnudos ;)

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  9. Sí, ya le conocía... y también a alguno más.

    Hoy estamos de Noite Meiga; intentaré responder a los comentarios mañana o en cuanto me haya repuesto de todo ésto.

    ¡Biquiños a todos/as!

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  10. Blas no hay nada que agradecer, al contrario, las gracias te las doy yo a ti. Un abrazo.


    Maslama, querida amiga, bienvenida al blog. Supongo, por lo que leo, que te planteas muchas más cosas que yo. Por eso suelo meter la pata en temas de los que no tengo suficiente información (ejemplo: política). Después de las que he pasado, mis planteamientos se van ciñendo cada día a ese día y los momentos más cercanos que se están viviendo. Lo que venga después... ¿quién lo puede saber? La muerte, sí, es cierto que está ahí. Yo ya me fuí una vez, sin enterarme, y me trajeron de vuelta. Seguramente la próxima vez no tenga esa suerte... Biquiños!!

    Allek , lo mismo digo. Un abrazo.

    Cara y cruz,  Cecy , así es la vida y es lo que tenemos. Un beso y un abrazo!

    Cierto, Draco. Esas cosas pasan. Un beso!

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  11. Mi querido Humberto, supongo que la forma, estilo o como se le llame, de cada uno es como un sello personal. Dudo que yo fuera capaz de escribir como tú, al menos de manera natural y sin que hubiese álguien detrás corrigiendo cada cosa que escribiese. En la vida tampoco no es siempre lo inesperado lo que más sorprende, sobre todo porque uno se puede esperar cualquier cosa, aunque en un determinado momento no llegue a verla hasta que sucede. Todo puede pasar, excepto, como sabemos y bien remarcaba Maslama, evitar la muerte.

    Ya sabemos la lección, que aunque a veces falla, en el final nunca: nacer, crecer, reproducirse (quizá) y .... lo inevitable.

    Un fuerte y cariñoso abrazo. Los besos, como los quieras, je je, pero te los daré en gallego:

    Biquiños!!

    Carmen

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  12. Sí, sí, Don Vito, un lujazo... qué bueno ¿verdad?

    Saludos.

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